Adaip - El ciudadano del mundo

domingo 18 de mayo de 2008

LAS MENTIRAS

LAS MENTIRAS

Cuentan que un padre de familia fue a un parque de diversiones con
sus dos hijos, uno de 3 a�os de edad y el otro de 6 a�os. La
entrada ten�a un costo de 5 d�lares para los ni�os menores de 5 a�os
y de 10 d�lares para los ni�os mayores de 5 a�os. Cuando se acerc�
a la taquilla donde vend�an los boletos, el taquillero le pregunt�:
- �Cu�l es la edad de los ni�os?
El hombre le respondi�:
- 3 y 6 a�os.
El taquillero le replic�:
- �Es usted tonto? Me ha podido decir que tienen 3 y 5 a�os y
pagar s�lo la tarifa de 5 d�lares. Ahora que me dijo la verdadera
edad de sus hijos, tendr� que cobrarle m�s. �Acaso cree que alguien
se hubiera dado cuenta?
El padre le respondi�:
- S�, mis hijos.

Las mentiras pueden socavar la credibilidad, puede desintegrar
relaciones y corroer la confianza. Las mentiras nos humillan, nos
deshonran, y nos hace preguntarnos si la persona que nos minti�,
alguna vez nos ha dicho la verdad.

El aspecto central de la mentira es que al hablar, creamos el mundo
que queremos ver. Aunque las llamemos mentiras piadosas, cuando lo
que decimos no es la verdad, es una mentira.

�Por qu� mentimos?

Mentimos porque sinceramente creemos que es lo mejor que podemos
hacer para nuestro beneficio en ese momento. Vivimos en un mundo de
enga�os. Las mentiras tienen influencia en la historia y persuaden
a la gente. La mentira est� cobrando aceptaci�n como una filosof�a
de vida, que adem�s la est�n recibiendo nuestros hijos, y como
resultado, ellos tambi�n mienten. Pronto esta generaci�n pasar� a
ocupar cargos de liderazgo, empezar� la actividad laboral, entrar�
al mundo pol�tico y al sistema educacional, y se convertir�n en
madres y padres.

La mentira m�s seria es cuando es otro el que miente. A nadie le
agrada admitir que minti�. Sea que nos abstengamos de decir la
verdad o que digamos una media verdad, a veces mentimos. Nuestras
razones incluyen lo siguiente: Mentimos para preservar nuestro
sentido de dignidad. Queremos parecer mejores de lo que somos
porque queremos agradar a los dem�s. Exageramos las circunstancias
para inflar nuestros egos o para esconder nuestra verg�enza, temor y
desilusiones. Tal vez sea demasiado vergonzoso o doloroso
confrontar la verdad sobre otros o sobre nosotros mismos. Mentimos
para evitar que nos descubran. Al decir medias verdades intentamos
que nuestro c�nyuge o nuestros padres no descubran una vida secreta,
una aventura amorosa, gastos excesivos o drogadicci�n. Mentimos
para obtener un beneficio financiero.

�Por qu� creemos las mentiras?

Nos han ense�ado a confiar. Ense�amos a nuestros hijos que es
importante confiar. La confianza es el mejor regalo que un c�nyuge
le puede hacer al otro. En realidad, la confianza es algo cr�tico
en toda relaci�n, sea entre amigos, empleado-empleador, el
presidente de un pa�s y su pueblo, padre-hijo, marido-mujer. Cuando
alguien no dice la verdad y lo descubrimos, la relaci�n se
desintegra.

Los mentirosos triunfan al seducir nuestra confianza y luego al
violar esa confianza. Despu�s, asumen control penetrando en nuestra
realidad y nos imponen la realidad de ellos. Nos dicen que lo que
vemos, creemos, o�mos y sentimos es falso. Y porque queremos creer,
dejamos en suspenso nuestra incredulidad y creemos, una vez m�s.
Las mentiras nos apartan de nuestra b�squeda de la verdad y
desintegran nuestra integridad. El enga�o es como una violaci�n
f�sica pero invisible. En vez de ser un ataque f�sico, las mentiras
atacan la mente y hacen impacto en el esp�ritu. Si el mentiroso es
alguien ante quien hemos desnudado nuestro cuerpo o nuestra alma, el
dolor nos llega a inmovilizar. Uno comienza a dudar de uno mismo y
comienza a cuestionarse en cuanto a los conceptos aprendidos sobre
amar y confiar.

La sanidad de heridas mentales y espirituales no sucede de la noche
a la ma�ana. Volver a tener confianza es algo que cuesta. No
podemos escapar de la realidad de que vivimos en un mundo de
enga�o. No podemos hacer que otros dejen de mentir. Pero s�
podemos convertirnos en personas que buscan la verdad y tienen
discernimiento en cuanto en qui�n confiar y cu�nto confiar.

"No des falso testimonio en contra de tu pr�jimo" Deuteronomio 5:20
"Mi boca expresar� la verdad, pues mis labios detestan la mentira"
Proverbios 8:7
"El testigo verdadero jam�s enga�a; el testigo falso propaga
mentiras" Proverbios 14:5
"El ingenuo cree todo lo que le dicen; el prudente se fija por d�nde
va" Proverbios 14:15
"Una respuesta sincera es como un beso en los labios" Proverbios
24:26
"No testifiques sin raz�n contra tu pr�jimo, ni mientas con tus
labios" Proverbios 24:28

--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

s�bado 17 de mayo de 2008

De que estas enterado?

NASRUDIN UN D�A SALI� A LA CALLE CON IMPERMEABLE, PARAGUAS Y BOTAS DE HULE. HAC�A UN CALOR ESPANTOSO Y PR�CTICAMENTE NASRUDIN SE ESTABA ASANDO.-LA GENTE LO MIRABA, CON EXTRA�EZA, UNOS OTROS RE�AN, -UNA BUENA SE�ORA LE DICE, MULA QU�TESE, QUE SE VA A DESHIDRATAR -A ESO, NASRUDIN LE CONTESTA A LA SE�ORA ,USTED NO PUEDE SABER M�S, DE LO QUE YO ESTOY ENTERADO
- YA EN OTRA OCASI�N NASRUDIN FUE VISTO COMPLETAMENTE EMPAPADO EN MEDIO DE UNA TORMENTA. -ALGUIEN SE ACERCA A NASRUDIN Y LE DICE: -MULA, PERO SI EL OTRO D�A TE VIMOS TOTALMENTE CUBIERTO CON IMPERMEABLE, GORRA, PARAGUAS Y BOTAS PARA CUBRIRTE DEL AGUA. �POR QU� NO LOS USASTE EN ESTA OCASI�N? NASRUDIN CONTESTA: USTED NO PUEDE SABER M�S, DE LO QUE YO ESTOY ENTERADO
-�DE QU� ESTAS ENTERADO? LE PREGUNTAN A NASRUDIN
- EN ESTE CASO A MI NO ME CULPEN, CULPEN A QUE DA EL REPORTE METEOROL�GICO EN LA TELEVISI�N, YA POR �L ESTOY ENTERADO SI VA A LLOVER O NO..

--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

viernes 16 de mayo de 2008

�Me presta el martillo, por favor?

�Me presta el martillo, por favor?
Josep T�pies
Titular de la C�tedra de Empresa Familiar del IESE
Universidad de Navarra
La historia es muy popular.
Nuestro protagonista se dirige hacia la casa de su vecino con la sana intenci�n de pedirle un martillo prestado.
Mientras sube las escaleras, empieza a imaginar cu�l ser� su reacci�n ante la petici�n.
"�Pensar� que soy un aprovechado? �Un taca�o, quiz�s?
A lo mejor no quiere prest�rmelo y busca cualquier excusa�".
A cada nuevo pelda�o, a�ade nuevos elementos negativos a la historia hasta que, al final, casi inconscientemente, en cuanto el vecino abre la puerta, en lugar de pedirle amablemente el martillo le suelta:
"�Sabe qu� le digo? Que no necesito para nada su maldito martillo. Adi�s".
Todos hemos protagonizado en alguna ocasi�n esta historia.
Seguro que alguna vez no habremos entendido un desplante, habremos considerado excesivo un reproche o juzgado tremendamente injusta una acusaci�n. Jugaremos, en esta ocasi�n, el papel del vecino que, al abrir la puerta, escucha at�nito de boca de su vecino que puede guardarse su martillo porque quien lo pide no lo necesita para nada.
Tambi�n habremos protagonizado situaciones en las que �ramos nosotros quienes reproch�bamos o acus�bamos ante la mirada at�nita de nuestro interlocutor, que no acababa de entender las razones y motivos que sustentaban nuestra malhumorada protesta.
Falta de comunicaci�n
Estas situaciones tienen su base en la desconfianza de, al menos, uno de sus protagonistas.
Al igual que le sucede a nuestro ficticio protagonista, son muchas las ocasiones en las que las personas tienden a imaginar intenciones y voluntades ajenas sin tener la valent�a suficiente para preguntar abiertamente si lo que creemos es cierto o s�lo tiene cabida en nuestra imaginaci�n.
En la empresa familiar, se viven a diario escenas como la del martillo, agravadas por la emotividad propia de los lazos de sangre. Padres que esperan algo de los hijos, hijos que a su vez esperan algo de los padres, hermanos con un largo listado de reproches mutuos, celos, frustraciones�
Hay una larga lista de elementos que puede llevarnos a la frase: "Qu�dese con su maldito martillo".
La comunicaci�n y la confianza son, habitualmente, herramientas m�s que suficientes para desactivar el efecto martillo.
No hay que imaginar. Hay que preguntar, explicitar nuestro punto de vista, establecer con claridad cu�les son nuestras expectativas, expresarnos cuando algo nos ha ofendido o nos resulta molesto.
Si no se desarrolla esta capacidad de franco di�logo entre los miembros de la familia empresaria, los problemas tender�n a engrandecerse y a eternizarse hasta que, en el momento menos oportuno, se hagan visibles de un modo poco apropiado.
Con serenidad y afecto
No hay duda de que si nuestro protagonista, lejos de fantasear sobre cu�l iba a ser la reacci�n del vecino, se hubiese limitado a pedir educadamente la herramienta, hubiera obtenido mayor beneficio puesto que, a buen seguro, el due�o del martillo hubiese accedido a la petici�n.
Entre imaginar y hablar claro no hay ninguna duda sobre lo que resulta m�s conveniente y m�s beneficioso.
En la naturaleza humana, est� la desavenencia pero, por fortuna, tambi�n la capacidad para el fortalecimiento de las relaciones a trav�s del di�logo y, en el caso de las familias, tambi�n de los sentimientos.
Volvamos para concluir a la historia del martillo e inventemos un final nuevo: el due�o de la herramienta, en lugar de sentirse ofendido por el desplante del vecino, responde con amabilidad:
"No se preocupe, la verdad es que ahora no lo necesito. Tenga y ya me lo devolver� cuando pueda".
�Imposible? No, si somos capaces de ponernos en lugar del otro y verm�s all� de sus miedos e incapacidad de expresi�n. La franqueza y la sinceridad es un trabajo de todos; el ejercicio de alteridad y comprensi�n,


--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

jueves 15 de mayo de 2008

El falso maestro

EL FALSO MAESTRO
Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y gustan de acumular m�s y m�s disc�pulos. En una descomunal carpa, reuni� cientos de disc�pulos y seguidores. Se irgui� sobre s� mismo, impost� la voz y dijo:
--Amados m�os, escuchad la voz del que sabe.
Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo precipitado de un mosquito.
--Nunca deb�is relacionaros con la mujer de otro; nunca. Tampoco deb�is jam�s beber alcohol, ni alimentaros con carne.
Uno de los asistentes se atrevi� a preguntar:
--El otro d�a, �no eras t� el que estabas abrazado a la mujer de Jai?
--S�, yo era �repuso el maestro.
Entonces, otro oyente pregunt�:
--�No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?
--�se era yo �contest� el maestro.
Un tercer hombre interrog� al maestro:
--�No eras t� que el otro d�a com�as carne en el mercado?
--Efectivamente �afirm� el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.
--Entonces, �por qu� nos pides que no hagamos lo que t� haces?
Y el falso maestro repuso:
--Porque yo ense�o, pero no pr�ctico.
"El Maestro dice: Si no encuentras un verdadero maestro al que seguir, convi�rtete t� mismo en maestro. En �ltima instancia, t� eres tu disc�pulo y tu maestro."
Nadie m�s puede saber lo que t� necesitas, que esa Chispa Divina que mora en t�, desde siempre.

--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

martes 13 de mayo de 2008

Granadas para curar

Granadas para curar
Un estudiante fue con un maestro para aprender el arte de curar. Vieron venir a un paciente y el maestro dijo:

-Este hombre necesita granadas para curar.

El estudiante recibi� al paciente y le dijo:

-Tiene usted que tomar granadas, es todo lo que necesita.

El hombre se fue protestando y probablemente no consider� en serio el consejo. El estudiante corri� a su maestro y pregunt� qu� es lo que hab�a fallado. El maestro no dijo nada y esper� a que de nuevo se dieran las circunstancias.

Pas� un tiempo y el maestro dijo de otro paciente:

-Ese hombre necesita granadas para curar, pero esta vez ser� yo qui�n act�e.

Le recibi� y se sentaron, hablaron de su familia, de su trabajo, de su situaci�n, dificultades e ilusiones. El maestro con aire pensativo dijo como para s� mismo:

-Necesitar�as alg�n fruto de c�scara dura, anaranjada, y que en su interior contenga granos jugosos de color granate.

El paciente interrumpi� exclamando:

-�Granadas!, �y eso es lo que podr�a mejorarme?.

El paciente cur� y el estudiante tuvo una ocasi�n m�s para aprender. El remedio es la mitad de la cura, la otra mitad es la respuesta de aquel a quien se cura.


--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

lunes 12 de mayo de 2008

Experimentando el Navegador de la Totalidad

Experimentando el Navegador de la Totalidad

Estos discursos son di�logos entre un maestro y su estudiante, y son documentados por su valor educativo de tal forma que otros puedan utilizar la misma ense�anza.

Estudiante: �Qu� me impide experimentar mi ser m�s �ntimo?

Maestro: Nada.

Estudiante: �Entonces por qu� no lo experimento?

Maestro: Temor.

Estudiante: Entonces, �el miedo me lo impide?

Maestro: Nada te lo impide.

Estudiante: �Pero no me acabas de decir que el temor es la raz�n por la que no puedo experimentar este estado de conciencia?

Maestro: Si, pero no te lo impide.

Estudiante: �Entonces qu� lo hace?

Maestro: Nada.

Estudiante: �Entonces qu� papel juega el miedo?

Maestro: Si est�s en prisi�n, �qu� temer�as m�s cuando sue�as en ser liberado?

Estudiante: Volver a prisi�n... Entonces, �est�s diciendo que temo experimentar mi ser m�s �ntimo porque retornar� a mi ignorancia?

Maestro: No. Estoy diciendo que tu miedo a la ignorancia te mantiene en la ignorancia.

Estudiante: Estoy confundido. Pens� que estabas diciendo que yo tem�a experimentar a mi ser m�s superior, pero ahora suena como si me estuvieras diciendo que temo a mi ser humano. �Qu� es?

Maestro: Temes regresar a tu ser humano despu�s de experimentar el fragmento de Dios en tu interior.

Estudiante: �Por qu�?

Maestro: Si est�s sediento en el desierto, �qu� es lo que desear�as por encima de todo lo dem�s?

Estudiante: �Agua?

Maestro: Entonces, �si te diera un vaso de agua, estar�as satisfecho?

Estudiante: Si.

Maestro: �Por cu�nto tiempo?

Estudiante: Est� Bien. Veo tu punto. Lo qu� m�s desear�a por encima de todo ser�a estar cerca del agua, as� podr�a beber cuando quisiera, o mejor a�n, querr�a dejar el desierto por completo.

Maestro: Y si amaras el desierto, �tendr�as miedo dejarlo?

Estudiante: T� est�s diciendo que temo la experiencia de mi ser m�s intimo porque querr�a dejar este mundo atr�s, �pero c�mo puedo temerle a eso cuando no tengo en absoluto la experiencia de ello?

Maestro: �ste no es el miedo que inunda tu cuerpo cuando alguien est� a punto de asesinarte. Es el miedo de una sombra tan misteriosa, antigua y primordial que t� sabes inmediatamente que trasciende esta vida y este mundo, y su conocimiento te cambiar� irreversiblemente.

Estudiante: �Entonces es realmente a este cambio al que le temo?

Maestro: Es a la irrevocabilidad del cambio a lo que le temes.

Estudiante: �Pero c�mo lo sabes? �C�mo sabes que le temo tanto que no puedo experimentar mi ser m�s �ntimo?

Maestro: A fin de mantener el instrumento humano en interacci�n estable con este mundo, los dise�adores del instrumento humano crearon ciertas restricciones sensoriales. Debido a que estas no fueron absolutamente efectivas, tambi�n fue se dise�� dentro de la Mente Gen�tica de la especie humana un miedo instintivo de ser desplazado de su realidad dominante. Por estas dos razones es que lo s�.

Estudiante: Pero esto no es justo. �Est�s diciendo que mi capacidad de experimentar mi ser m�s �ntimo ha sido disminuida por los mismos seres que lo dise�aron? �Por qu�? �Por qu� deber�a estar frustrado continuamente de saber que tengo una parte de Dios en mi interior, pero que con la que no se me permite interactuar?

Maestro: �Amas este mundo?

Estudiante: Si.

Maestro: T� est�s aqu� como un instrumento humano para interactuar con este mundo y para sintonizarte a su realidad dominante, y traer tu conocimiento de tu ser m�s �ntimo a este mundo incluso si este conocimiento no es puro, fuerte o claro.

Estudiante: �Pero si tuviera esta experiencia de mi ser m�s �ntimo, no podr�a traer m�s de este conocimiento a este mundo?

Maestro: Esta es la falacia que te frustra. �T� crees que la experiencia de estas sublimes energ�a e inteligencia pueden ser reducidas a una traducci�n humana?

Estudiante: Si.

Maestro: �Entonces c�mo?

Estudiante: Puedo ense�ar a otros como se siente estar en armon�a con sus almas. Puedo traer m�s luz a este mundo e inspirar a otros a buscar esto dentro de s� mismos. �No es esto lo que t� haces?

Maestro: �Te he ense�ado c�mo alcanzar este estado?

Estudiante: No, pero me has inspirado.

Maestro: �Est�s seguro? �No acabo de decirte que no puedes experimentar este estado en el instrumento humano? �Es eso inspiraci�n en tu definici�n?

Estudiante: No me refer�a en este caso espec�fico, pero me has inspirado a pensar m�s profundamente en los asuntos y problemas que me confrontan.

Maestro: Si quieres traer m�s luz a este mundo, �por qu� la interacci�n con tu ser m�s �ntimo te capacitar�a para hacerlo?

Estudiante: Eso justamente. No s� si lo har�. Solo parece l�gico que s� lo har�a. �Este conocimiento profundo no lo tiene todos los buenos maestros? �No lo tienes t�?

Maestro: Es cierto que hay maestros quienes pueden cambiar sus realidades dominantes, y han aprendido a integrar esto en sus vidas sin perder equilibrio o efectividad en este mundo, pero son extremadamente raros.

Estudiante: Lo s�. Pero eso es lo que aspiro aprender. �Se aprende no? �Puedes ense�arme?

Maestro: No, no se aprende. No es ense�able. No se adquiere mediante instrucci�n, t�cnicas esot�ricas o procesos reveladores.

Estudiante: �Entonces c�mo adquirieron esta habilidad estos maestros que la tienen?

Maestro: Nadie adquiere esta habilidad. Ese es mi punto. Ning�n maestro dentro de un instrumento humano sobre la Tierra en este tiempo, o en alguno tiempo previo, tiene la habilidad de vivir como un humano y simult�neamente vivir como un fragmento de Dios. Tampoco ning�n maestro hace malabares entre estas realidades con certeza y control.

Estudiante: Me sorprende o�r esto. �Por qu� es esto as�?

Maestro: Por las mismas razones que te dije anteriormente. �No crees que esto aplique a todos los humanos?

Estudiante: �Incluso a Jes�s?

Maestro: Incluso se aplica a Jes�s.

Estudiante: �Entonces por qu� tengo este deseo? �Qui�n puso esta noci�n en mi cabeza de que yo ser�a capaz de experimentar mi ser m�s �ntimo o fragmento-de-Dios?

Maestro: Si alguien experimenta el viento, �no entienden ellos algo de un hurac�n?

Estudiante: Supongo.

Maestro: �Si nunca experimentaste un hurac�n, pero experimentaste el viento y la lluvia, se ser�as capaz de imaginar en un mejor grado un hurac�n que si nunca hubieras experimentado el viento y la lluvia?

Estudiante: Pensar�a que s�.

Maestro: Tal es el caso de Dios dentro del instrumento humano. Puedes experimentar amor incondicional, belleza suprema, armon�a, veneraci�n y totalidad, y al hacerlo puedes imaginar las caracter�sticas y capacidades del fragmento de Dios en tu interior. Algunos maestros simplemente han tocado m�s el borde del fragmento de Dios que otros, pero te aseguro, nadie ha entrado en sus profundidades mientras vivi� en un instrumento humano.

Estudiante: �Pero algunos maestros no viajan fuera de sus cuerpos?

Maestro: Si, pero siguen viviendo dentro de un instrumento humano mientras viajan. Todo lo que dije a�n se aplica.

Estudiante: �Entonces qu� hago? �Renunciar a este deseo de tener esta experiencia?

Maestro: Hay un pez que puede dejar su mundo subacu�tico sobre el equivalente de alas. Aunque por un leve momento, experimenta el reino de los que respiran aire. �Crees que este pez volador alguna vez ha deseado tocar una nube?, �escalar un �rbol o aventurarse dentro de un bosque?

Estudiante: No lo se... lo dudo.

Maestro: �Entonces por qu� vuela sobre el agua?

Estudiante: Supongo que es un instinto, algo de un imperativo evolutivo.

Maestro: Exactamente.

Estudiante: �Entonces est�s diciendo que esto es verdad para los humanos tambi�n? �Nos esforzamos por experimentar nuestro fragmento de Dios debido a un imperativo evolutivo o compulsi�n?

Maestro: Si, y como el pez volador, cuando rompemos nuestro mundo es s�lo por un corto tiempo y caemos bajo la superficie otra vez. Pero mientras estamos encima de la superficie de nuestro mundo, moment�neamente olvidamos que somos s�lo humanos con un principio y un fin. A pesar de eso, no imaginamos que podemos tocar la cara de Dios en nuestro interior.

Estudiante: Pero yo si. Siento que yo puedo, incluso deber�a, tocar este fragmento-de-Dios.

Maestro: T� piensas de este modo porque tienes una esperanza exuberante e ingenuidad de una persona no familiarizada con la experiencia de la Primera Fuente.

Estudiante: �Entonces t� no te sientes de esta manera?

Maestro: Cualquiera afinado a las m�s altas vibraciones de su ser m�s �ntimo sentir� esto y ser� guiado por ello. La �nica diferencia es que yo me contento en saber que no lo experimentar� mientras est� encarnado en un instrumento humano.

Estudiante: �Y este contento qu� te proporciona que yo no tengo?

Maestro: La habilidad de canalizar mi energ�a en este mundo en lugar de usarla en la persecuci�n de otro.

Estudiante: �Pero pens� que hab�as dicho que es un imperativo evolutivo? �C�mo controlo este deseo o ambici�n?

Maestro: Vive en este mundo con toda tu pasi�n y fuerza. Ve el fragmento de Dios en este mundo, incluso si es solo un faro mermado o una luz cansada. �M�ralo! �N�trelo! No est�s tan apurado busc�ndolo en las profundidades de tu coraz�n o mente donde crees que deber�a estar.

Estudiante: Es dif�cil no estar desilucionado por el sonido de estas palabras. Es como alguien dici�ndome que la visi�n que tuve fue meramente un espejismo, o un truco de la luz.

Maestro: Este es un mundo de sombras y ecos. Puedes perseguir la fuente de ellos si lo deseas, pero probablemente dejaras de vivir en este mundo. Disminuir�s tu experiencia de sombras y ecos, y esta es la verdadera raz�n por la que encarnaste sobre este planeta en este momento.

Estudiante: Pero suena tan pasivo, como si deber�a conformarme a experimentar este mundo, y no tratar de cambiarlo. Yo siento que estoy aqu� para mejorarlo, cambiarlo para bien, y que estoy omitiendo alguna experiencia, alguna capacidad para hacer esto. �Qu� es lo que siento y por qu�?

Maestro: �Cuando experimentas la tibieza del sol, cambias al sol?

Estudiante: No.

Maestro: �Y si sostienes un trozo de hielo en tus manos, lo cambias?

Estudiante: Si. Empieza a derretirse.

Maestro: Entonces hay algunas cosas que las puedes experimentar y hay otras que las puedes cambiar.

Estudiante: Y yo deber�a conocer la diferencia.

Maestro: Eso ayuda.

Estudiante: Lo s�. Es elemental. Pero no s� si me ayuda a sentirme menos desilusionado.

Maestro: Estoy de acuerdo, lo sabes, pero no necesariamente lo has practicado. Es un principio de vida practicar el juicio cuidadoso y el discernimiento, y mientras que la gente de manera elemental pensar� este concepto, es una diferencia muy importante vivir en un estado de satisfacci�n o, como t� lo pones, de frustraci�n.

Estudiante: Entonces no puedo cambiar el hecho de que el fragmento de Dios en mi interior es m�o es incognoscible para mi mente humana, y debo aceptarlo. �Es esta la lecci�n a ser aprendida aqu�?

Maestro: No.

Estudiante: �Entonces cu�l es?

Maestro: El concepto del fragmento de Dios dentro de ti tiene poder. Puede ser contemplado, pero no puede ser experimentado como una realidad dominante en un instrumento humano. A trav�s de este acercamiento contemplativo puedes aprender discernimiento, y mediante este discernimiento aprender�s c�mo navegar en el mundo de las sombras y ecos de tal forma que traigas cambios que est�n en acuerdo con los objetivos de la Primera Fuente. T� exteriorizas la voluntad del fragmento de Dios, en vez de buscar su experiencia. Al hacerlo, eliminas las energ�as de miedo y frustraci�n que fluyen a trav�s de tu mente.

Estudiante: Gracias. Tu ense�anza justo golpe� el acorde que he estado buscando desde que encontr� este sendero, y siento su resonancia.

Maestro: En resonancia ser�s guiado.


--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es

Etiquetas:

lunes 5 de mayo de 2008

Acu�rdate de lo Bueno

Acu�rdate de lo Bueno

Cuando el cielo est� gris,
acu�rdate cuando lo viste profundamente azul.

Cuando sientas fr�o.
piensa en un sol radiante
que ya te ha calentado.

Cuando sufras una derrota,
acu�rdate de tus triunfos y de tus logros.

Cuando necesites amor,
revive tus experiencias de afecto y ternura.

Acu�rdate de lo que has vivido
y de lo que has dado con alegr�a...

Recuerda los regalos que te han hecho,
los besos que te han dado,
los paisajes que has disfrutado
y las risas que de ti han emanado.

Si esto has tenido,
lo podr�s volver a tener
y lo que has logrado,
lo podr�s volver a ganar.

Al�grate por lo bueno que tienes
y por lo de los dem�s;
desecha los recuerdos tristes y dolorosos,
no te lastimes m�s.

Piensa en lo bueno, en lo amable,
en lo bello y en la verdad.
Recorre tu vida y detente en donde
haya bellos recuerdos y emociones sanas,
v�velas otra vez.

Visualiza aquel atardecer que te emocion�.
Revive esa caricia espontanea que se te di�.

Disfruta nuevamente de la paz
que ya has conocido,
piensa y vive el bien.
All� en tu mente est�n guardadas
todas las im�genes
Y solo t� decides cu�les
has de volver a mirar...

Y nunca olvides que tras un cielo lleno de oscuridad
se
esconde un sin fin de estrellas...

Y que tras el anochecer, volver� a salir el sol.


--
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
http://www.adaip.es