Adaip - El ciudadano del mundo

domingo 30 de noviembre de 2008

Inteligencia emocional

Inteligencia emocional
Aprender a vivir las emociones



La mayor parte de las habilidades para conseguir una vida satisfactoria son de car�cter emocional,
no intelectual



Hemos aprendido desde peque�os que el sentimentalismo (as� se ha llamado al h�bito de sentir a flor de piel las emociones y a mostrar en p�blico esa forma de interpretar las vivencias) era propio de personas d�biles, inmaduras, con d�ficit de autocontrol. Adem�s, se ha extendido en nuestro imaginario colectivo el lugar com�n, machista como pocos, de que las emociones o -m�s a�n- el llanto, pertenecen al �mbito de lo femenino.
Sin embargo, todo evoluciona y va ganando terreno la convicci�n de que vivir las emociones es un elemento insustituible en la maduraci�n personal y en el desarrollo de la inteligencia.
Tenemos muy en cuenta nuestro espacio intelectual y no s�lo le hemos dedicado tiempo y esfuerzo, sino que incluso la valoraci�n que hacemos de una persona pasa, en buena medida, por sus conocimientos y habilidades intelectuales.
Desde la educaci�n, tanto reglada como no acad�mica, se nos ha motivado para que saquemos el m�ximo partido a nuestros recursos intelectuales.
Aprender a vivir es aprender a observar, analizar, recabar y utilizar el saber que vamos acumulando con el paso del tiempo. Pero convertirnos en personas maduras, equilibradas, responsables y, por qu� no decirlo, felices en la medida de lo posible, nos exige tambi�n saber distinguir, describir y atender los sentimientos. Y eso significa contextualizarlos, jerarquizarlos, interpretarlos y asumirlos.
Porque cualquiera de nuestras reflexiones o actos en un momento determinado pueden verse "contaminados" por nuestro estado de �nimo e interferir negativamente en la resoluci�n de un conflicto o en una decisi�n que tenemos que tomar.
Una habilidad muy especial
Mimar nuestro momento emocional, aprender a expresar los sentimientos sin agresividad y sin culpabilizar a nadie, ponerles nombre, atenderlos y saber c�mo descargarlos, es uno de los ejes de interpretaci�n de lo que nos ocurre.
Cada vez que dudamos ante una decisi�n, que nos proponemos comprender una situaci�n, no hacemos estas operaciones como lo har�a un ordenador o cualquier otro ingenio de inteligencia artificial, sino que  traemos todo nuestro bagaje personal.
De ah� que vivir nuestras emociones es una habilidad relacional que nos capacita como seres que se desarrollan en un contexto social.
S�lo cuando conectamos con nuestros sentimientos, los atendemos y jerarquizamos, somos capaces de empatizar con los sentimientos y circunstancias de los dem�s.
No es m�s inteligente quien obtiene mejores calificaciones en sus estudios, sino quien pone en pr�ctica habilidades que le ayudan a vivir en armon�a consigo mismo y con su entorno. La mayor parte de las habilidades para conseguir una vida satisfactoria son de car�cter emocional, no intelectual.
Los profesionales m�s brillantes no son los que tienen el mejor expediente acad�mico, sino los que han sabido "buscarse la vida" y exprimir al m�ximo sus habilidades.
Aprender a desarrollar la inteligencia emocional
Esta sociedad de las "buenas maneras" y el control social han hecho de nosotros aut�nticos robots de las apariencias.
En la Universidad de M�laga los doctores Fern�ndez Berrocal y Extremera, han abordado la inteligencia emocional, como la habilidad de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos adecuadamente y la destreza para regular y modificar nuestro estado de �nimo o el de los dem�s.
 En la inteligencia emocional se contemplan cuatro componentes:
-Percepci�n y expresi�n emocional. Se trata de reconocer de manera consciente qu� emociones tenemos, identificar qu� sentimos y ser capaces de verbalizarlas.
-Facilitaci�n emocional, o capacidad para producir sentimientos que acompa�en nuestros pensamientos. Si las emociones se ponen al servicio del pensamiento, nos ayudan a tomar mejor las decisiones y a razonar de forma m�s inteligente.
-Comprensi�n emocional. Hace referencia a entender lo que nos pasa a nivel emocional, integrarlo en nuestro pensamiento y ser conscientes de la complejidad de los cambios emocionales. Para entender los sentimientos de los dem�s, hay que entender los propios. Cu�les son nuestras necesidades y deseos, qu� cosas, personas o situaciones nos causan determinados sentimientos, qu� pensamientos generan las diversas emociones, c�mo nos afectan y qu� consecuencias y reacciones propician. Empatizar supone sintonizar, ponerse en el lugar del otro, ser consciente de sus sentimientos. Hay personas que no entienden a los dem�s no por falta de inteligencia, sino porque no han vivido experiencias emocionales o no han sabido gestionarlas. Qui�n no ha experimentado la ruptura de pareja o el sentimiento de orfandad por la p�rdida de un ser querido, es dif�cil que se haga cargo de lo que sufren quienes pasan por esa situaci�n. 
-Regulaci�n emocional, o capacidad para dirigir y manejar las emociones de una forma eficaz. Es la capacidad de evitar respuestas incontroladas en situaciones de ira, provocaci�n o miedo. Supone tambi�n percibir nuestro estado afectivo sin dejarnos arrollar por �l, de manera que no obstaculice nuestra forma de razonar y podamos tomar decisiones de acuerdo con nuestros valores y las normas sociales y culturales.
Estas cuatro habilidades est�n ligadas entre s� en la medida en que es necesario ser conscientes de cu�les son nuestras emociones si queremos vivirlas adecuadamente.
Gestionar adecuadamente las emociones supone:


  • No someterlas a censura. Las emociones no son buenas o malas, salvo cuando por nuestra falta de habilidad hacen da�o, a nosotros o a otras personas.



  • Permanecer atentos a las se�ales emocionales, tanto a nivel f�sico como psicol�gico.



  • Investigar cu�les son las situaciones que desencadenan esas emociones.



  • Designar de forma concreta los sentimientos y se�alar las sensaciones que se reflejan en nuestro cuerpo, en lugar de hacer una descripci�n general ("estoy triste", "estoy nervioso"&).



  • Descargar f�sicamente el malestar o la ansiedad que nos generan las emociones.



  • Expresar nuestros sentimientos a la persona que los ha desencadenado, sin acusaciones ni malas formas y detallando qu� situaci�n o conducta es la que nos ha afectado.



  • No esperar a que se d� la situaci�n id�nea para comunicar los sentimientos, tomar la iniciativa.



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    Jaume Guinot
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    jueves 27 de noviembre de 2008

    Errores

    Si est�s haciendo cosas, cometer�s errores. Si cometiste un error �maravilloso! Acabas de aprender algo.
    No importa d�nde ca�ste, sino all� donde tropezaste.-Proverbio Africano

    Admite tus errores y exam�nalos cuidadosamente. Asume la responsabilidad y aprende de ellos.
    Los errores son excelentes maestros. Saber lo que no funcion�, puede constituir una enorme ayuda para determinar lo que s� funcionar�.
    Tom Watson, el fundador de IBM, s� que comprendi� el valor de los errores. Una vez, uno de sus empleados cometi� un grave error, que le cost� a la compa��a millones de d�lares. El empleado, habiendo sido convocado a la oficina de Watosn le dijo "Entiendo que Ud. quiere mi renuncia". "�Est� bromeando?" respondi� Watson; "acabo de gastar diez millones de d�lares en su educaci�n".
    Las personas exitosas y efectivas aprenden a partir de todo lo que sucede, incluso de los errores.
      Cuando comentas un error, lo mejor que puedes hacer es levantar los pedazos y observar cuidadosamente lo que ha sucedido. No te lamentes. S�lo exam�nalo y aprende de ello. Luego aplica tus nuevos conocimientos e int�ntalo de nuevo.

      Desconozco el autor


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    Jaume Guinot
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    martes 25 de noviembre de 2008

    El circulo del 99

    EL C�RCULO DEL NOVENTA Y NUEVE


    �Por qu�, gordo, por qu� nunca se puede estar tranquilo?
    Dime, Demi�n, �c�mo te suena esto de admitir que tienes un problema que empieza "cuando todo mejora"?

    Hab�a una vez un rey, digamos "cl�sico".
    �Qu� es un rey "cl�sico"?
    Un rey "cl�sico" en un cuento, es un rey muy poderoso, que tiene una gran fortuna, un hermoso palacio, grandes manjares a su disposici�n, hermosas esposas, y acceso a todo lo que se le ocurra. Y a pesar de todo eso, no es feliz.
    Ah.
    Y cuanto m�s cl�sico el cuento, m�s infeliz el rey.
    Y este rey �cu�n "cl�sico" era?
    Muy cl�sico.

    �Pobre! Hab�a una vez un rey muy triste que ten�a un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.
    Todas las ma�anas llegaba a traer el desayuno y despertar al rey contando y tarareando alegres canciones de juglares.
    Una gran sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.
    Un d�a, el rey lo mand� a llamar.
    Paje �le dijo �cu�l es el secreto? �Qu� secreto, Majestad? �Cu�l es el secreto de tu alegr�a?
    No hay ning�n secreto, Alteza.
    No me mientas, paje.
    He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
    No le miento, Alteza, no guardo ning�n secreto.
    �Por qu� est�s siempre alegre y feliz? �eh? �por qu�?
    Majestad, no tengo razones para estar triste.
    Su alteza me honra permiti�ndome atenderlo.
    Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y adem�s su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, �c�mo no estar feliz?.
    Si no me dices ya mismo el secreto, te har� decapitar � dijo el rey. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
    Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustar�a m�s que complacerlo, pero no hay nada que yo est� ocultando.
    Vete, �vete antes de que llame al verdugo! El sirviente sonri�, hizo una reverencia y sali� de la habitaci�n.
    El rey estaba como loco. No consigui� explicarse c�mo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y aliment�ndose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calm�, llam� al m�s sabio de sus asesores y le cont� su conversaci�n de la ma�ana.
    �Por qu� �l es feliz?
    Ah, Majestad, lo que sucede es que �l est� fuera del c�rculo.
    �Fuera del c�rculo? As� es.
    �Y eso es lo que lo hace feliz? No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
    A ver si entiendo, estar en el c�rculo te hace infeliz.
    As� es.
    Y �l no est�.
    As� es.
    �Y c�mo sali�? �Nunca entr�! �Qu� c�rculo es ese? El c�rculo del 99.
    Verdaderamente, no te entiendo nada.
    La �nica manera para que entendieras, ser�a mostr�rtelo en los hechos.
    �C�mo? Haciendo entrar a tu paje en el c�rculo.
    Eso, obligu�moslo a entrar.
    No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el c�rculo.
    Entonces habr� que enga�arlo.
    No hace falta, Su Majestad.
    Si le damos la oportunidad, �l entrar� solito, solito.
    �Pero �l no se dar� cuenta de que eso es su infelicidad?
    S�, se dar� cuenta.
    Entonces no entrar�.
    No lo podr� evitar.
    �Dices que �l se dar� cuenta de la infelicidad que le causar� entrar en ese rid�culo c�rculo, y de todos modos entrar� en �l y no podr� salir?
    Tal cual.
    Majestad, �est�s dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del c�rculo?
    S�.
    Bien, esta noche te pasar� a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una m�s ni una menos. �99!
    �Qu� m�s? �Llevo guardias por si acaso?
    Nada m�s que la bolsa de cuero.
    Majestad, hasta la noche.
    Hasta la noche.
    As� fue.
    Esa noche, el sabio pas� a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. All� esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendi� la primera vela, el hombre sabio agarr� la bolsa y le pinch� un papel que dec�a:

         ESTE TESORO ES TUYO.
         ES EL PREMIO POR SER UN BUEN HOMBRE.
         DISFR�TALO Y NO CUENTES A NADIE C�MO LO ENCONTRASTE.

    Luego at� la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpe� y volvi� a esconderse. Cuando el paje sali�, el sabio y el rey espiaban desde atr�s de unas matas lo que suced�a. El sirviente vio la bolsa, ley� el papel, agit� la bolsa y al escuchar el sonido met�lico se estremeci�, apret� la bolsa contra el pecho, mir� hacia todos lados y entr� en su casa.
    Desde afuera escucharon la tranca de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.
    El sirviente hab�a tirado todo lo que hab�a sobre la mesa y dejado s�lo la vela. Se hab�a sentado y hab�a vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no pod�an creer lo que ve�an. �Era una monta�a de monedas de oro! �l, que nunca hab�a tocado una de estas monedas, ten�a hoy una monta�a de ellas para �l. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hac�a brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hac�a pilas de monedas. As�, jugando y jugando empez� a hacer pilas de 10 monedas: Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60, hasta que form� la �ltima pila: 9 monedas! Su mirada recorri� la mesa primero, buscando una moneda m�s.
    Luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pens�. Puso la �ltima pila al lado de las otras y confirm� que era m�s baja.
    Me robaron �grit� me robaron, malditos! Una vez m�s busc� en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vaci� sus bolsillos, corri� los muebles, pero no encontr� lo que buscaba.
    Sobre la mesa, como burl�ndose de �l, una monta�ita resplandeciente le recordaba que hab�a 99 monedas de oro "s�lo 99".
    "99 monedas. Es mucho dinero", pens�. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un n�mero completo �pensaba. Cien es un n�mero completo pero noventa y nueve, no.
    El rey y su asesor miraban por la ventana.
    La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ce�o fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se hab�an vuelto peque�os y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que asomaban sus dientes.
    El sirviente guard� las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo ve�a, escondi� la bolsa entre la le�a. Luego tom� papel y pluma y se sent� a hacer c�lculos. �Cu�nto tiempo tendr�a que ahorrar el sirviente para comprar su moneda n�mero cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Despu�s quiz�s no necesitara trabajar m�s. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sac� el c�lculo.
    Si trabajaba y ahorraba su salario y alg�n dinero extra que recib�a, en once o doce a�os juntar�a lo necesario. "Doce a�os es mucho tiempo", pens�. Quiz�s pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y �l mismo, despu�s de todo, �l terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podr�a trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello. Sac� las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete a�os reunir�a el dinero.
    �Era demasiado tiempo!
    Quiz�s pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comida todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, m�s comida habr�a para vender.
    Vender.
    Vender.
    Estaba haciendo calor.
    �Para qu� tanta ropa de invierno?  �Para qu� m�s de un par de zapatos?   Era un sacrificio, pero en cuatro a�os de sacrificios llegar�a a su moneda cien.
    El rey y el sabio, volvieron al palacio.
    El paje hab�a entrado en el c�rculo del 99...
    ...Durante los siguientes meses, el sirviente sigui� sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche.  Una ma�ana, el paje entr� a la alcoba real golpeando las puertas, refunfu�ando y de pocas pulgas..
    �Qu� te pasa? �pregunt� el rey de buen modo.
    Nada me pasa, nada me pasa.
    Antes, no hace mucho, re�as y cantabas todo el tiempo.
    Hago mi trabajo, �no? �Qu� querr�a su Alteza, que fuera su buf�n y su juglar tambi�n?
    No pas� mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente.
    No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

    Y hoy cuando hablamos, me acordaba de ese cuento del rey y el sirviente.
    T� y yo y todos nosotros hemos sido educados en esta est�pida ideolog�a:

         Siempre nos falta algo para estar completos, y s�lo completos se puede gozar de lo que se tiene.

    Por lo tanto, nos ense�aron, la felicidad deber� esperar a completar lo que falta...
    Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida... 
    Pero que pasar�a si la iluminaci�n llegara a nuestras vidas y nos di�ramos cuenta, as�, de golpe que nuestras 99 monedas son el cien por cien del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se qued� con lo nuestro, que nada tiene de m�s redondo cien que noventa y nueve que esta es s�lo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros para que seamos est�pidos, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.

         Una trampa para que nunca dejemos de empujar y que todo siga igual...

         ...eternamente igual!....Cu�ntas cosas cambiar�an si pudi�semos disfrutar de nuestros tesoros tal como est�n.

    Pero ojo, Demi�n, reconocer en 99 un tesoro no quiere decir abandonar los objetivos. No quiere decir conformarse con cualquier cosa.

    Porque aceptar es una cosa y resignarse es otra.

    Pero eso es parte de otro cuento.


    --
    Jaume Guinot
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    lunes 17 de noviembre de 2008

    Metas

    Reflexiones - Objetivos y Metas Objetivos y Metas 

    Gran parte de nuestros fracasos y frustraciones tienen su origen, en la no concreci�n de metas, que nos hemos propuesto al comenzar el a�o.
    "�Vaya descubrimiento!", podr� insinuar usted. Sin embargo, perm�tame ir un poco m�s all� de la superficie de las frases y los saberes previamente aprehendidos.

    Tiempo atr�s me inspir� la decisi�n de una persona de mi conocimiento, que decidi� efectuar cambios en su realidad de vida.
    Casado y con tres hijos, este hombre de edad media decidi� concluir aquello que hab�a dejado inconcluso en los a�os de su juventud: la finalizaci�n de su carrera universitaria.

    Con gran esmero, y no poco sacrificio, acudi� a la casa de altos estudios, se inform� sobre el estado de las pocas materias que le restaba aprobar y se dispuso a estudiar para concluir cada uno de los ex�menes pendientes.

    �C�mo le fue? Luego de largos meses de estudio en los que efectu� verdaderos "malabares" para coordinar su agenda actual de vida, sin descuidar su rol como esposo, padre y empleado de una importante empresa de la ciudad, aprob� la totalidad de las materias que hab�an quedado pendientes, recibiendo finalmente el anhelado t�tulo de Ingeniero Civil.

    Objetivos, metas, decisiones. Un elemento conduce hacia el otro, permitiendo lograr la concreci�n de los sue�os.

    Como mi amigo pudo comprobar, las metas no son cuestiones menores, sino que llegan a ser verdaderos pelda�os que nos gu�an en la escalera ascendente de la vida.
    Pero no tienen ning�n valor en s� mismas si las aislamos de los objetivos, hechos que sin duda llegan a ser "la meta de las metas":
    el fin hacia el cual debemos dirigir nuestros mayores y mejores esfuerzos.

    Los objetivos globales concretos
    (por ejemplo, "terminar una carrera universitaria") nos llevar�n a fijarnos metas concretas de realizaci�n posible (por ejemplo, "aprobar cada uno de los ex�menes pendientes", "reordenar mi cronograma diario de actividades", "dedicar menos tiempo al ocio", etc.).

    El gran rey Salom�n expres�: "�Qu� tristeza da que los deseos no se cumplan! �Y c�mo nos llena de alegr�a ver cumplidos nuestros deseos!" (Proverbios 13:12).

    �Y usted? �C�mo transita los primeros meses del a�o? Tal vez comenz� con gran �mpetu, y estableci� importantes metas sobre diversos t�picos de la vida. Puede ser que est� logrando el cumplimiento de ellas, o tal vez ya se haya dado por vencido.
    Sin embargo, sea como fuere su situaci�n, sepa que todav�a est� a tiempo para definir objetivos globales y afirmar metas cortas que le permitan examinar su progreso.

    Cristian Franco



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    Jaume Guinot
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    s�bado 15 de noviembre de 2008

    EL DESAF�O DEL TRIGO

    Un d�a un viejo campesino fue a ver a Dios y le dijo:
    "Mira, t� puedes ser muy Dios y puedes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte:
    No eres un campesino, no conoces ni siquiera el principio de la agricultura.
    Tienes algo que aprender".

    Dios dijo: �Cu�l es tu consejo?.

    El granjero le respondi�:
    "Dame un a�o y d�jame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos que pasa. La pobreza no existir� m�s.

    Dios acept� y le concedi� al campesion un a�o. 
    Naturalmente �ste pidi� lo mejor y s�lo lo mejor...
    ni tormentas, ni ventarrones,
    ni peligros para el grano. 
    Todo confortable y c�modo... y �l era muy feliz. 
    El trigo crec�a alt�simo. 
    Cuando quer�a sol... hab�a sol;
    cuando quer�a lluvia... hab�a tanta lluvia. 
    Ese a�o todo fue perfecto, �matem�ticamente perfecto!.

    El trigo crec�a tan alto que el granjero
    fue a ver a Dios y le dijo:
    "�Mira!, esta vez tendremos tanto grano
    que si la gente no trabaja en 10 a�os,
    aun as� tendremos comida suficiente".

    Pero hubo un problema... cuando se recogieron los granos todos estaban vac�os.
    El granjero se sorprendi� y le pregunt� a
    Dios: "�Qu� pas�?, �qu� error hubo?.

    Ante tal inquietud Dios le respondi�:
    "Como no hubo desaf�o, no hubo conflicto,
    ni fricci�n, como tu evitaste todo lo que era malo,
    el trigo se volvi� impotente.
    Un poco de lucha es imprescindible.
    Las tormentas, los truenos, los rel�mpagos,
    son necesarios, porque sacuden
    el alma dentro del  trigo".

    La noche es tan necesaria como el d�a
    y los d�as de tristeza son tan esenciales
    como los d�as de felicidad.
    A esto se le llama lucha y esfuerzo.

    Entendiendo este secreto descubrir�s
    cuan grande es la belleza de la vida,
    cu�nta riqueza llueve sobre ti en todo momento, dejando de sentirte miserable
    porque las cosas no van de acuerdo con tus deseos.

    (tomado de la red)


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    Jaume Guinot
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    jueves 13 de noviembre de 2008

    Enmudece

    Todo enmudece...   silenciosa,
     vas poblando el cielo,
    cerrando con gris plomo el horizonte,
    silba el viento libre entre los altos pinos
    y conmovidos entregan melod�as.
    Concierto inesperado de gotas saltarinas,
    serpenteando presurosas, buscan unirse al
    gran c�mulo de aguas, resbalando al fest�n,
    al encuentro, de hojas secas y ramas
    que crujen al romperse.
    Plena tormenta, poderosa manifestaci�n, 
    plateadas estr�as sonoras,
    belleza imperturbable, entre luces y sombras
    se abrazan.
    Fundidos sonidos y colores, viento, lluvia, rel�mpago.
    ... nace el silencio, cuando de gris vienes poblando el horizonte...
    .para escucharte.


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    Jaume Guinot
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    domingo 9 de noviembre de 2008

    ALUMBRANDO A OTROS

    ALUMBRANDO A OTROS 
    Hace cientos de a�os, hab�a un hombre en una ciudad de Oriente. Un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una l�mpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.
    En determinado momento, se encuentra con un amigo.
    El amigo lo mira y de pronto lo reconoce Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo entonces, le dice: �Que haces Guno, t� ciego, con una l�mpara en la mano? Si t� no ves...
    Entonces, el ciego le responde:
    -Yo no llevo la l�mpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a m�... No s�lo es importante la luz que me sirve a m� sino tambi�n la que yo uso para que otros puedan tambi�n servirse de ella.
    �No sabes que alumbrando a otros, tambi�n me beneficio yo, pues evito que me lastimen otros que no podr�an verme en la oscuridad?
    Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.


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    Jaume Guinot
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