Adaip - El ciudadano del mundo

s�bado 28 de febrero de 2009

Crisis

CRISIS

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis es la mejor bendici�n que puede sucederle a personas y pa�ses, porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el d�a nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.
Quien supera la crisis se supera a s� mismo sin quedar "superado".
 
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta m�s a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia propia.
El inconveniente de las personas y los pa�ses es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desaf�os, sin desaf�os la vida es una rutina, una lenta agon�a.
Sin crisis no hay m�ritos,  es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la �nica crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."
ALBERT EINSTEIN

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
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Llenar una casa

Una historia de Etiop�a nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte, llam� a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres los que poseo. Eso dejar�a muy pocos bienes a cada uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se muestre m�s h�bil, m�s inteligente, m�s astuto, m�s sagaz. Dicho de otra forma, a mi mejor hijo. He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros. Tomadla. El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedar� con todo. Se fueron.

El primer hijo compr� paja, pero s�lo consigui� llenar la casa hasta la mitad.

El segundo hijo compr� sacos de pluma, pero no consigui� llenar la casa mucho m�s que el anterior.

El tercer hijo - que consigui� la herencia - s�lo compro un peque�o objeto. Era una vela. Esper� hasta la noche, encendi� la vela y llen� la casa de luz.

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
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viernes 27 de febrero de 2009

El encanto personal

El encanto personal es un arma secreta.
La suprema seducci�n contra la cual hay pocas defensas.
El encanto personal es un aura, un perfume invisible que flota en el aire.
No puede suprimirse a voluntad, ni tiene una f�rmula fija para lograrlo;
si uno cree poseerlo, probablemente le falte.

En la mujer, el encanto personal es probablemente m�s completo que en el hombre y requiere una gran variedad de sutilezas.
Es cierto fulgor en el rostro, la peculiar efusi�n de una bienvenida, un sostenido aire de satisfacci�n por nuestra compa��a y un callado pesar ante una despedida.
La mujer con encanto personal no encuentra a ning�n hombre insulso; en su presencia, �l se trasforma no solo en un ser distinto, sino en la clase de persona que anhela ser.

El encanto envuelve a la mujer con ese resplandor de felicidad que atrae al hombre, quien, ante el car�cter femenino, reafirma su masculinidad y renueva su impulso vital.
Su encanto reside tambi�n en cierto aire de maternalismo intemporal, en el efecto tranquilizador de su sola presencia, que puede disipar en el hombre la ira y frustraci�n de un instante y hacerlo reponerse, a voluntad, de sus fracasos.

En el hombre, el encanto personal est� en la habilidad de conseguir la adhesi�n de una mujer mediante un decidido reconocimiento de su singularidad.
La admiraci�n silenciosa es rara vez suficiente; lo que vale es lo que el hombre dice, sus osadas declaraciones, el vuelo de su fantas�a, el descubrimiento de virtudes ocultas.

El hombre se enamora con los ojos, la mujer con el o�do.
Dijo una vez un Voltaire ya marchito: "Dadme unos minutos la palabra, sin ense�ar la cara y ser� capaz de seducir a la reina de Francia".

La mayor�a de los ni�os lo tienen y tambi�n los viejos que nada pueden perder y hasta los animales.
En los ni�os y en los animales peque�os reside, a menudo, en su mirada inocente; en las muchachas y en los potrillos, est� en el andar torpe, en la incapacidad para gobernar sus movimientos con las piernas.
Pero ese encanto es pasivo y atrae porque despierta nuestro instinto de proteger al d�bil.

El encanto es una cualidad innata y no se adquiere con trucos, como es el de fruncir la nariz o dar un tono risue�o a la voz. Existe una sensibilidad interior respecto de los otros que la mayor�a tiene y que puede enriquecerse si se le presta atenci�n.

El encanto tambi�n se revela en una sensaci�n de tranquilidad, en modales correctos y llenos de naturalidad y a menudo en un donaire nacido m�s de la confianza y la serenidad mental que de la juventud.

El encanto personal, es el m�s poderoso elemento de la conducta, proporciona la oportunidad de dar a su existencia un instante de gloria.

Se asemeja al amor porque se impone sin la fuerza, prodigando sus d�divas como la luz del d�a que nace. Atrapa a su v�ctima, pero nunca castiga y desarma desarm�ndose a su vez; ataca sin herir.
En el arsenal del hombre, el encanto personal es un dardo m�gico, liviano y sutil como un colibr�.

Tubes by Alymar
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
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mi�rcoles 25 de febrero de 2009

Virtualidad

Entr� apresurado y con mucho hambre en el restaurante. Escog� una mesa bien lejos del movimiento, porque quer�a aprovechar los pocos minutos que dispon�a en aquel d�a para comer y corregir algunos errores de programaci�n en un sistema que estaba desarrollando, adem�s de planear mi viaje de vacaciones, cosa que hace mucho tiempo no tengo.
Ped� un filete de salm�n con alcaparras en mantequilla, una ensalada y un jugo de naranja, a fin de cuentas, hambre es hambre, pero r�gimenes r�gimen, no es verdad?
Abr� mi PC port�til y me asust� aquella voz bajita detr�s m�o:

- �Se�or, no tiene unas moneditas?
- No tengo, muchacho.
- S�lo una monedita para comprar pan.
- Est� bien, yo compro un pan para ti.

Para variar, mi casilla de entrada est� llena de e-mail. Qued� distra�do al ver poes�as, lindas presentaciones, riendo con los chistes malos�

- Se�or, pida margarina y queso para ponerle al pan.

�Percibo en esos momentos que el ni�o se hab�a quedado all�.

- Ok. Voy a pedir, pero despu�s me dejas trabajar, estoy muy ocupado, �si?

Llega mi almuerzo y con �l mi malestar. Hago el pedido, y el mesonero me pregunta si quiero que saque al ni�o. Mi conciencia, me impide decir que s�. Digo que est� todo bien. Que lo deje quedarse. Que traiga pan y un almuerzo decente para �l.
Entonces se sent� frente a mi y pregunt�:

- Se�or, �que est� haciendo?
- Leo unos e-mail.
- �Que son i-meil?
- Son mensajes electr�nicos mandados por personas a trav�s de Internet (sab�a que �l no iba a entender nada, pero quer�a liberarme de sus preguntas).
- Es como si fuera una carta, s�lo que por Internet.
- Se�or, �Usted tiene Intern�?
- Tengo, s�, es esencial en el mundo de hoy.
- Qu� es Intern�?
- Es un lugar en el computador, donde podemos ver y o�r muchas cosas, noticias, m�sica, conocer personas, leer, escribir, so�ar, trabajar, aprender. Tiene de todo el mundo virtual.
-Mi madre est� todo el d�a afuera, llega muy tarde, casi no la veo, mientras yo cuido a mi hermano m�s peque�o que vive llorando, con hambre y entonces le doy agua para que crea que es sopa. Mi hermana m�s grande sale todo el d�a tambi�n, dice que va a vender el cuerpo, pero no entiendo, porque ella vuelve siempre con el cuerpo. Mi padre est� en la c�rcel hace mucho, pero yo imagino siempre a nuestra familia toda junta en casa, mucha comida, muchos juguetes en Navidad, y yo estudiando en la escuela para ser m�dico alg�n d�a.

- Eso es virtual �no se�or???

Cerr� mi pc� pero no a tiempo como para impedir que mis l�grimas cayeran sobre el teclado� Esper� a que el ni�o terminase literalmente de "devorar" su plato, pagu�, y le di el dinero excedente� me retribuy� con una de las m�s bellas y sinceras sonrisas que haya recibido en mi vida y con un:

- "Gracias se�or, usted es muy simp�tico!".

Ah� en ese instante, tuve la mayor prueba del virtualismo insensato en que vivimos todos los d�as, mientras la realidad cruel nos rodea de verdad y hacemos de cuenta que no percibimos!
GRACIAS SILVIA- SUECIA...

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
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martes 24 de febrero de 2009

LA RA�Z DEL LAUREL

Cerca de un arroyo de aguas frescas, hab�a un peque�o bosque. Los �rboles eran muy variados.
Todos gastaban las energ�as en ser m�s altos y grandes, con muchas flores y perfumes, pero quedaban d�biles y ten�an poca fuerza para echar ra�z.

En cambio un laurel dijo: "Yo, mejor voy a invertir mi savia en tener una buena ra�z; as� crecer� y podr� dar mis hojas a todos los que me necesiten".

Los otros �rboles estaban muy orgullosos de ser bellos; �en ning�n lado hab�a tantos colores y perfumes!
Y no dejaban de admirarse y de hablar de los encantos de unos y otros, y as�, todo el tiempo, mir�ndose y ri�ndose de los dem�s.

El laurel sufr�a a cada instante esas burlas.
Se re�an de �l, presumiendo de sus flores, perfumes y abundante ramaje. -"�Laurel!", le dec�an, "�para qu� quieres tanta ra�z?
Mira, a nosotros todos nos alaban porque tenemos poca ra�z y mucha belleza.  �Deja de pensar en los dem�s! �Preoc�pate s�lo de ti!"

Pero el laurel estaba convencido de lo contrario; deseaba amar a los dem�s y por eso ten�a ra�ces fuertes.

Un buen d�a, vino una gran tormenta, y sacudi�, sopl� y resopl� sobre el bosque. Los �rboles m�s grandes, que ten�an un ramaje inmenso, se vieron tan fuertemente golpeados que por m�s que gritaban no pudieron evitar que el viento los tumbara.
En cambio el peque�o laurel, como ten�a pocas ramas y mucha ra�z, apenas s� perdi� unas cuantas hojas. Entonces todos comprendieron que lo que nos mantiene firmes en los momentos dif�ciles no son las apariencias, sino lo que est� oculto en las ra�ces, dentro de tu coraz�n... all� en tu alma.

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
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