Hab�a una vez un disc�pulo de un fil�sofo griego al que su maestro le orden� entregar dinero durante tres a�os a todo aquel que le insultara. Una vez superado ese per�odo de prueba, el maestro le dijo: "Ahora puedes ir a Atenas y aprender sabidur�a". Cuando el disc�pulo llego a la ciudad vio a un sabio sentado a las puertas de Atenas que se dedicaba a insultar a todo el que entraba y sal�a. Tambi�n insulto al disc�pulo, que se hecho a re�r. �Por qu� te r�es cuando te insultas?, le pregunt� el sabio. "Porque durante tres a�os he tenido que pagar por esto mismo y ahora t� me ofreces gratuitamente", contest� el disc�pulo. "Entra a la ciudad �le dijo el sabio es toda tuya".
En el siglo IV, los padres del desierto, un grupo de personajes exc�ntricos que se retiraron al desierto, en los alrededores de Scete, para llevar una vida de sacrificio y oraci�n, contaban historias para ilustrar el valor del sufrimiento y la resistencia. Sin embargo, no fue �sta la que abri� el camino a la "ciudad de la sabidur�a" al disc�pulo. Lo que le permiti� afrontar de un modo tan efectivo una situaci�n dif�cil fue su capacidad para cambiar la perspectiva, para ver su situaci�n desde una atalaya diferente.
La capacidad para cambiar de perspectiva puede ser una de las herramientas m�s efectivas de que disponemos para afrontar los problemas de la vida cotidiana. La capacidad de ver los acontecimientos desde perspectivas diferentes puede ser muy �til para ser feliz. Al practicarla, podemos utilizar ciertas experiencias, tragedias pr�ximas para desarrollar la serenidad de la mente. Tenemos que darnos cuenta de que cada fen�meno, cada acontecimiento, tienen aspectos diferentes. Todo tiene una naturaleza relativa. As� cuando se pasa por situaciones desesperadas podemos ver que tambi�n se presentan numerosas oportunidades para encontrar nuevas perspectivas para la vida, y lo que probablemente no hubiera acontecido sino ocurr�a. As� que en este sentido todo es �til en la vida. Y para ilustrar lo dicho voy a relatar una historia muy singular para reflexionar lo positivo que hay en todo cambio: No hab�a en el pueblo peor oficio que el de portero del prost�bulo. Pero �qu� otra cosa podr�a hacer aquel hombre? De hecho, nunca hab�a aprendido a leer ni a escribir, no tenia ninguna otra actividad ni oficio. Un d�a se hizo cargo del prost�bulo un joven con inquietudes, creativo y emprendedor. El joven decidi� modernizar el negocio. Hizo cambios y despu�s cito al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: "A partir de hoy usted, adem�s de estar en la puerta, me va a preparar un reporte semanal donde registrara la cantidad de personas que entren por d�a y anotara sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio..." El hombre tembl�, nunca le hab�a faltado disposici�n al trabajo pero..."Me encantar�a satisfacerlo, se�or - balbuceo - pero yo...yo no se leer ni escribir..." �Ah! �Cuanto lo siento!" "Pero se�or, usted no me puede despedir, yo trabaje en esto toda mi vida..." No lo dejo terminar: "Mire, yo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Le vamos a dar una indemnizaci�n para que tenga hasta que encuentre otra cosa. As� que, lo siento. Que tenga suerte..." Y sin m�s, se dio vuelta y se fue.
El hombre sinti� que el mundo se derrumbaba. Nunca hab�a pensado que podr�a llegar a encontrarse en esa situaci�n. �Que hacer? Record� que en el hotel cuando se romp�a una silla o se arruinaba una mesa, �l, con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pens� que esta podr�a ser una ocupaci�n transitoria hasta conseguir un empleo. El problema es que solo contaba con unos clavos oxidados y unas pinzas muy viejas, entonces decidi� usar parte del dinero para comprar una caja de herramientas. Como en el pueblo no hab�a una ferreter�a, deb�a viajar dos d�as en mula para ir al pueblo m�s cercano a realizar la compra. �Qu� m�s da? Pens�, y emprendi� la marcha. A su regreso, trama una hermosa y completa caja de herramientas. De inmediato su vecino llamo a la puerta de su casa: "Vengo a preguntarle si no tiene un martillo para prestarme... "Mire, si, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar...como me quede sin empleo..." "Bueno, pero yo se lo devolver�a ma�ana bien temprano." El portero accedi� y le presto el martillo. A la ma�ana siguiente, como hab�a prometido, el vecino toco la puerta: "Mire, yo todav�a necesito el martillo. �Por qu� no me lo vende?" ''No, yo lo necesito para trabajar y adem�s, la ferreter�a esta a dos d�as en mula." "Hagamos un trato - dijo el vecino - Yo le pagare los dos d�as de ida y los dos de vuelta, m�s el precio del martillo, total usted esta sin trabajar. �Qu� le parece?" Realmente, esto le daba trabajo por cuatro d�as...Acepto. Volvi� a montar su mula.
Al regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su casa: "Hola, vecino. �Usted le vendi� un martillo a nuestro amigo?" "Si, as� es..." "Mire, yo necesito unas herramientas, y estoy dispuesto a pagarle sus cuatros d�as de viaje, m�s una peque�a ganancia. Yo no dispongo de tiempo para el viaje." El ex-portero abri� su caja de herramientas y su vecino eligi� una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pag� y se fue."
El ex-portero pens� entonces que mucha gente podr�a necesitar que el viajara a traer herramientas de las que hab�a vendido. De paso, podr�a ahorrar alg�n tiempo de viajes. La voz empez� a correrse por el barrio y muchos quisieron evitarse el viaje. Una vez por semana, el ahora corredor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Alquilo un carret�n para almacenar las herramientas y algunas semanas despu�s alquilo un cuarto que se convirti� en la primera ferreter�a del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. El era un buen cliente. Con el tiempo, las comunidades cercanas prefer�an comprar en su ferreter�a y ganar dos d�as de marcha.
Un d�a se le ocurri� que su amigo, el tornero, podr�a fabricar para el las cabezas de los martillos. Y luego, �por que no? Las tenazas...y las pinzas...y los cinceles. Y luego fueron los clavos y los tornillos. Para no hacer muy largo el cuento, sucedi� que en diez a�os aquel hombre se transformo con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas. Un d�a decidi� donar a su pueblo una escuela. Ah� se ense�ar�a, adem�s de leer y escribir, las artes y oficios m�s pr�cticos de la �poca. En el acto de inauguraci�n de la escuela, el alcalde le entrego las llaves de la ciudad, lo abrazo y le dijo: "Es un gran orgullo y gratitud que le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela". El honor ser�a para m� - dijo el hombre - Creo que nada me gustar�a m�s que firmar all�, pero yo no se leer ni escribir. Yo soy analfabeto." �Usted? - dijo el Alcalde, que no alcanzaba a creerlo. �Usted construy� un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, �qu� hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir?" "Yo se lo puedo contestar - respondi� el hombre con calma. Si yo hubiera sabido leer y escribir...ser�a portero del prost�bulo! "Moraleja: Generalmente los cambios son vistos como adversidades. Pero las adversidades encierran oportunidades.
A menudo, cuando surgen los problemas, nuestras perspectivas se estrechan. Quiz� tengamos concentrada toda nuestra atenci�n en preocuparnos por el problema y abrigamos la sensaci�n de que �nicamente nosotros pasamos por tales dificultades. Eso puede conducir a una especie de ensimismamiento que hace que el problema parezca muy grave. Cuando sucede eso, creo que puede ayudar mucho a ver las cosas desde una perspectiva m�s amplia, d�ndonos cuenta, por ejemplo, de que hay muchas personas que han pasado por experiencias similares e incluso peores y han salido avante. Al cambiar lo malo por bueno, lo negativo por positivo, lo gris por claro estamos dando un giro nuevo a la vida. Por tanto a todo problema no hay que ponerle atenci�n permanente sino inmediatamente transfiriendo en una soluci�n para poderle controlar, as� impedimos que el mal por peque�o que sea no se convierte en gigante y que nos abruma y nos enferme mental y f�sicamente.
Cuando alguien nos hace da�o. A muchos le provocan c�lera que lo llevan por largo tiempo porque son personas explosivas, neur�ticas, negativas, inconformes de todo y de todos. En cambio la persona serena mira en esta persona las cualidades positivas y le brinda otra oportunidad para ver las diferencias desde otros �ngulos diferentes. En todo caso este tipo de situaciones requiere de un esfuerzo por parte de las personas negativas para encontrar soluciones m�s efectivas en su comportamiento, porque a la larga no le conduce a nada sino genera rechazo de quienes le rodean. Debe aplicar su capacidad de razonamiento y examinar la situaci�n del modo m�s objetivo posible. Por ejemplo, puede reflexionar sobre el hecho de que cuando est� realmente enojado con alguien, tiende a percibir en el otro cualidades negativas, del mismo modo que al sentirse fuertemente atra�do por alguien, suele ver �nicamente sus cualidades positivas. Si su amigo, al que considera una persona excelente, le causara deliberadamente da�o, de repente usted se percatar� de que no s�lo tiene buenas cualidades. De modo similar, si su enemigo, al que detesta, le pidiera sinceramente perd�n y se mostrara amable, es poco probable que siguiera consider�ndolo malo. As� pues, aunque est� enojado con alguien y crea que esa persona no posee cualidades positivas, recuerde que nadie es malo ni totalmente bueno. Siempre hay que buscar el punto de equilibrio en su proyecci�n mental y as� usted encontrar� la verdadera naturaleza de todas las cosas.
En la escuela de misterios de Pit�goras se ense�aba la palabra luchar que significada "Crear fricci�n". Significa producir energ�a. Por ejemplo si est�s enfadado, si sientes que una gran ira est� surgiendo en ti, el m�todo de Pit�goras es: cuando surja la ira en ti confr�ntala; deja que surja en ti una gran alegr�a. Ser� dif�cil, porque cuando est�s col�rico es dif�cil estar alegre, pero no imposible. La Ira y la felicidad son dos energ�as diferentes. Es la ira que se va a convertir en alegr�a, porque la alegr�a est� detr�s de la ira. Eso se llama fricci�n, est�s creando dualidad, est�s creando dos momentos y tienes que cambiar la negativa por positiva y si logras llegar a la alegr�a te habr�s sobrepuesto a la ira. Otro ejemplo cuando surja el sexo, crea amor. En este caso son la misma energ�a. Camina desde el sexo al amor y vas a sentir m�s reconfortado. Al principio ser� dif�cil, porque hemos olvidado los m�todos de fricci�n. Pero al ir intentando vamos envolvi�ndonos en amor y por ende en felicidad, plenitud de vida. Cuando te sientas triste empieza a bailar. Te sorprender� el cambio inmediato que eso produce en ti. La tristeza est� ah�, en un rinc�n, pero en otro rinc�n, justo frente a ti empieza a surgir una sutil dicha. Mi hermana Fabiola me preguntaba como se puede contrarrestar la tristeza de la muerte de un ser querido. Recordando y rescatando de la persona que ha fallecido su sabidur�a, sus buenas acciones, sus ejemplos, fortalezas, el cari�o que nos brindo, y as� siempre vivir� entre nosotros en este paso ef�meo por la tierra. Con estos ejemplos cotidianos nos podemos dar cuenta lo que est� ocurriendo en tu interioridad, una lucha entre la tristeza y la alegr�a, ambas cosas a la vez, eso es fricci�n. Esa fricci�n produce una gran energ�a, provoca un gran fuego en ti, y ese fuego purifica. Con la fricci�n siempre surge el fuego.
El m�todo para transformar la actitud ante tus enemigos supone llevar a cabo un an�lisis sistem�tico y racional de nuestra respuesta habitual cuando nos causan da�o. Ya dije examinemos la actitud caracter�stica hacia los enemigos. En t�rminos generales, es evidente que no les deseamos lo mejor, pero aunque nuestros adversarios se hundan a consecuencia de nuestras acciones, hay algo lamentable con esos sentimientos de animadversi�n, porque vengarse no hace sino crear un c�rculo vicioso, ya que la otra persona no lo va a aceptar y, entonces, la cadena de venganzas es interminable. En las sociedades, esa din�mica, puede transmitirse de una generaci�n a otra. El resultado es que ambas partes sufren y la vida se envenena; puede comprobarse en los campos de refugiados, donde se cultiva el odio hacia el enemigo desde la infancia. Es muy triste. Lo mismo sucede en los pa�ses, en especial los subdesarrollados, donde la democracia no cuaja, por el ego�smo de las clases privilegiadas de no querer compartir responsabilidades sino el buscar m�s lucro, as� el odio pol�tico del partido perdedor va generando una ola negativa que no solo afecta al partido triunfante que gobierna, sino a toda la naci�n y los que m�s sufren son las clases m�s d�biles que siempre estar�n all� por la falta de solidaridad de los que m�s tienen. Algunas personas consideran que el odio es bueno para el inter�s nacional, lo cual me parece muy negativo y de una mentalidad muy estrecha y da�ina. Contrarrestar esta forma de pensar y actuar constituye la base del esp�ritu de la no violencia y la comprensi�n. Y para ello hay que adquirir compasi�n, ya que tu naturaleza es la misma que la del resto. Si tu sientes alegr�as, tristezas, penas, angustias, excitaci�n, etc., aquellos que te rodean tambi�n las sienten. No eres el �nico que siente emociones, y se siente lastimado. Si a ti no te gusta lo que te hacen, no se lo hagas a otro, porque es como si te lo hicieras a ti mismo. Todos tenemos la misma naturaleza. �sa es la compasi�n budista y el amor cr�stico.
En el budismo se dice que la compasi�n no es un sentimiento ni emoci�n, sino un estado de conciencia m�s arm�nico, o sea, m�s �til, donde se es m�s libre al comprender la esencia. As� que a meditar sobre la causalidad del yo, es decir, de tu personalidad, haciendo retrospectiva de tu experiencia de vida, d�ndote cuenta de que las personas act�an dependiendo de lo que son, que es su experiencia, memoria y capacidades innatas. La compasi�n no es lastima por los dem�s, es el deseo de que los dem�s est�n libres de sufrimiento, por ello aspiramos alcanzar la iluminaci�n y tambi�n nos encaminamos en acciones virtuosas. Una vez un maestro zen me dijo "compasi�n no es para nada tener lastima del otro sino ponerse en el lugar del otro que como uno quiere librarse del sufrimiento, por lo que tratamos de ayudarlo, no importa si es amigo o enemigo, conocido o desconocido"
En el budismo hay una pr�ctica muy interesante sobre las actitudes que adoptamos ante nuestros enemigos. Ello se debe a que el odio puede ser muestro mayor obst�culo para avanzar a una dicha plena. Si se aprende a ser paciente y tolerante con los enemigos, todo lo dem�s resulta m�s f�cil, y la compasi�n fluye con naturalidad. As� pues, para los que practican la espiritualidad, los enemigos juegan un papel crucial, porque la compasi�n es la esencia de la vida espiritual. Y para alcanzar una pr�ctica cabal del amor y la compasi�n, es indispensable la pr�ctica de la paciencia y la tolerancia. No hay fortaleza similar a la paciencia, no hay peor aflicci�n que el odio. En consecuencia, no debemos ahorrar esfuerzos en la erradicaci�n del odio al enemigo, y aprovechar el enfrentamiento como una oportunidad para intensificar la pr�ctica de la paciencia y la tolerancia.
De hecho, el enemigo es el elemento necesario para practicar la paciencia. Sin su oposici�n no puede surgir la paciencia o la tolerancia. Normalmente, nuestros amigos no nos ponen a prueba no nos ofrecen la oportunidad de cultivar la paciencia; eso es algo que s�lo hacen los enemigos, muchos de ellos gratuitos. As� que, desde este punto de vista, podemos considerar a nuestro enemigo un gran maestro y reverenciarlo por habernos proporcionado esa preciosa oportunidad de transformar nuestra forma de ver la vida.
Imaginemos como ser�a la vida si nunca no nos encontraremos con un enemigo u otros obst�culos. Si desde la cuna hasta la tumba todo el mundo nos halagara y mimara, nos abrazara y nos divirtiera, si nunca no tuvi�ramos que enfrentarnos a los desaf�os y pruebas, el resultado ser�a que nos convertir�amos en una masa gelatinosa, es una verdadera monstruosidad, con el desarrollo mental y emocional de un ternero. Es la lucha por cambiar la que nos pone a prueba, los que nos oponen la resistencia necesaria para el crecimiento espiritual y por ende social.
Jaume Guinot
Gabinete de Psicologia - Colegiado 17674
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